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Compartir coche ¿sí o no?

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Compartir coche ¿sí o no?

Compartir coche ¿sí o no?

El concepto de carsharing, carpooling, car-as-a-service o, simplemente, compartir coche es una tendencia alcista que, con muchos nombres y matices, responde a la práctica de compartir automóvil con otras personas, tanto para viajes periódicos como trayectos puntuales. Y es que compartir coche o hacer uso de las flotas de coches eléctricos que se alquilan por horas —y que cada vez están más presentes en las grandes ciudades— es una forma de desplazarse más eficiente, más sostenible y, sobre todo, más económica.

Precisamente, la vuelta al trabajo y a la vida en las ciudades tras las vacaciones estivales puede ser un buen momento para replantearse si existe una mejor forma de moverse, más inteligente y, sobre todo, menos contaminante, que evite en la medida de lo posible los problemas ambientales y de calidad del aire asociados al automóvil y que contribuya a cambiar la forma en la que se gestiona el tráfico en las grandes urbes.

A cambio, podremos disfrutar de los beneficios de esta nueva forma de utilizar el coche, que son muchos y muy importantes: recudir la congestión de tránsito en las ciudades, facilitar los desplazamientos a personas sin coche, mejorar la economía o disminuir los niveles de contaminación, entre otros.

En este sentido, cada 22 de septiembre, desde 1998, se celebra el Día Europeo sin Coches, una fecha en la que se pone de manifiesto la importancia de apoyar iniciativas para que los ciudadanos no utilicen el automóvil particular y realicen sus desplazamientos de un modo más sostenible. El transporte público, el alquiler de coches eléctricos, la bicicleta o el disfrute de las zonas peatonales son alternativas que, ahora más que nunca, se están promoviendo por parte de las autoridades europeas y de los gobiernos nacionales de una amplia mayoría de los estados miembro.

De los primeros pasos al auge del fenómeno

Los primeros pasos del carsharing como hoy lo conocemos se dieron en Suiza hacia 1987. Desde entonces, muchos otros países de Europa y de todo el mundo se han sumado a esta nueva alternativa de movilidad, que solo hasta 2013 registraba ya, a escala mundial, más de 900.000 usuarios en unas 600 ciudades de dieciocho países en cuatro continentes.

Pero el auge de esta práctica de compartir coche debe venir precedido, en realidad, de un cambio cultural. Y ese cambio cultural viene de las nuevas generaciones. Los jóvenes han descubierto que tener un coche en propiedad no sólo ha dejado de ser una necesidad, sino que les genera un gasto fijo (seguro, mantenimiento, parking…) que no les compensa. Por ello apuestan por la opción de disponer de un vehículo solo cuando y donde lo necesitan.

El éxito o el status social que otras generaciones relacionaban con el hecho de poseer un coche ha dejado de interesarles. La generación Y —por debajo de los 30-35 años— prefiere invertir en la acumulación de experiencias que no en poseer bienes. Un cambio cultural relacionado también con sus recursos económicos, más limitados, y las ganas de vivir experiencias, que les ha llevado a ser más ingeniosos y a «invertir» la cadena de valor.

Estos jóvenes se han convertido así en lo que se conoce como la «generación de los arrendadores»: prefieren alquilar a comprar casa, ya que eligen libertad y flexibilidad para adaptarse a las necesidades y circunstancias de cada momento; y por ello son los principales promotores de la «economía colaborativa», convirtiendo en una tendencia en auge el compartir casa o coche.

¿Por qué comprar una segunda residencia en un lugar concreto si puedes disfrutar de una vivienda en cualquier rincón del mundo gracias al modelo implantado, por ejemplo, por Airbnb? Lo mismo sucede con el coche. ¿Por qué comprar uno si puedo alquilarlo para trayectos concretos en la ciudad o, en el caso de trayectos largos, compartir gastos utilizando uno de los asientos libres de otro conductor que se dirija al mismo lugar que yo? Las opciones son muchísimas.

Una vez más las nuevas tecnologías se han encargado de aportar todas las facilidades para que este replanteamiento de la movilidad sea factible. Eso no implica que los jóvenes descarten completamente tener un coche en propiedad, sino que siempre piensan en cómo optimizar su uso. En resumen, se impone el consumo colaborativo: pagar sólo por aquello que utilizas cuando lo utilizas. O lo que es lo mismo: disfrutar de productos y servicios sin las ataduras y los gastos que conllevaría poseerlos.

Lo último es compartir coche, porque el medio ambiente y el bolsillo de los consumidores lo agradecen. Si tu negocio está relacionado con el volante, podemos ayudarte. Infórmate aquí.


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