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Invertir en innovación, clave para crecer en competitividad

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Invertir en innovación, clave para crecer en competitividad

Invertir en innovación, clave para crecer en competitividad

Los expertos defienden que invertir en innovación es fundamental para impulsar el crecimiento económico a largo plazo. Aunque pensemos que lo que se conoce como investigación, desarrollo e innovación (I+D+i) es solo cosa de las grandes compañías, lo cierto es que las pequeñas y medianas empresas también puede apostar por ello y obtener importantes beneficios a la hora de hacerse un hueco en el mercado y situar sus productos y servicios por delante de los de la competencia.

Más allá de las ventajas fiscales que supone para las pymes –según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), las pymes españolas ocupan el tercer puesto en Europa en el ranking de las que más incentivos fiscales a la inversión en I+D+i reciben–, destinar parte de los beneficios de una empresa a la partida de innovación mejora el producto, ofrece un valor añadido al cliente y la convierte en más competitiva, con lo que se adapta a las exigencias del mercado y gana además en rentabilidad, eficiencia y posicionamiento.

Aunque estas ventajas fiscales sean un importante incentivo, las empresas más innovadoras –grandes o pequeñas– defienden que la clave para que este proceso sea exitoso pasa por cambiar desde dentro la cultura empresarial: los hábitos, los valores y la estrategia de las compañías, para considerar una inversión, y no un gasto, los recursos destinados a I+D (medios y personas), así como contar con procesos definidos y un mínimo de herramientas de gestión.

Pero para que las empresas sean conscientes de los beneficios de este tipo de inversiones es fundamental que la innovación sea realmente valorada de forma interna con el objetivo de hacer frente, posteriormente, a los costes administrativos o de gestión que puede llevar asociados. Según una encuesta del Instituto Nacional de Estadística (INE) de 2015 este es, de hecho, el mayor obstáculo que dificulta la actividad innovadora: el coste. Y, por el momento, en España las ayudas a la investigación, el desarrollo y la innovación son muy inferiores a las de otros países desarrollados.

La buena noticia es que este tipo de inversión, en maquinaria, procesos o productos, reporta importantes (y demostrados) beneficios. Un ejemplo sencillo: en el caso de las mejoras para ahorrar energía en los centros empresariales e industriales, la Comisión Europea estima que por cada euro invertido en materia de eficiencia energética se recuperan 4,5 euros.

Y aunque en el caso de las pymes la inversión en I+D no esté muy extendida debido a la inseguridad de su situación o al simple hecho de que sus prioridades sean otras, estas deben entender que, en realidad, invertir en I+D y desarrollar nuevos proyectos puede ser, en muchos casos, su única salida.

Pese a que, como toda inversión, la que se refiere a innovación y desarrollo también implica un riesgo, es sobre todo el desconocimiento lo que, según los expertos, hace que el tejido empresarial no sea aún consciente de su rentabilidad.

Parece el momento de fomentar y potenciar esta apuesta para sacarle el máximo partido y convertirla en una prioridad estratégica para las empresas de todos los tamaños.

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